DANIEL MEDIAVILLA 06 de septiembre de 2017
Los
primeros meses de vida de un ser humano parecen una acumulación de éxitos
improbables. Desde el momento en que el espermatozoide se une al óvulo, la
información contenida en su interior comienza a construir una persona. Los
genes producen proteínas con las que se construyen células que se acumulan en
lo que al principio parece una masa sin forma. Poco a poco, una serie de
señales bioquímicas perfectamente programadas van dotándola de orden para que
comience a parecerse al individuo que será cuando el proceso haya terminado.
En ese
periodo, las células viajan de un lugar a otro, colocándose en el sitio que les
corresponde para formar cada órgano en el lugar adecuado. Cuando acabe este
trasiego, las células perderán esa capacidad para trasladarse. Se tratará a
partir de entonces de crecer y desarrollarse primero para comenzar a envejecer
más adelante. Quizá en algún momento, probablemente cuando el organismo ya esté
gastado, algunas células recuperarán su capacidad para moverse. Será señal de
que hay problemas.
