Jose Ignacio Gonzalez Faus 21 de octubre de 2017
1.- Principio general: bien común y subsidiariedad.
Toda la DSI se apoya en un axioma básico: el fin de toda la actividad política
y económica es el llamado “bien común”, no unos bienes particulares. Se define
ese bien común como “conjunto de condiciones de la vida social que hace posible
a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil”
de su humanidad (GS 26,1). Subrayando la legitimidad de defensa cuando esto no
se cumple (GS 74,1).
Pero
ese bien común debe realizarse complementándolo con el “principio de subsidiariedad”,
proclamado por Pío XI y mirado como una de las más serias aportaciones de la
Iglesia: lo que puedan hacer los de cerca que no lo hagan los de lejos; lo que
pueden hacer los de abajo que no lo hagan los de arriba: lo que puede la
iniciativa privada que no lo haga el gobierno (QA 79; MM 53). El estado tiene
un papel imprescindible pero siempre supletorio o corrector. Lástima que la
Iglesia haya practicado eso tan poco.
