Miguel Pastorino 30 de
septiembre de 2017
Muchas
veces experimentamos dificultades a la hora de relacionarnos con los demás, no
solo por no saber comunicarnos o expresarnos abiertamente, sino por no
comprender a los demás, por no captar realmente lo que nos están diciendo.
Priorizar
al otro
Un
fragmento del filósofo Heráclito dice: “Incapaces de escuchar y de
hablar, así son los hombres”. Cuando escuchamos a los demás, siempre
estamos pensando en algo y vamos al encuentro del otro con preguntas previas
(Heidegger), porque cuando escuchamos a otro nos preguntamos qué tiene que ver
eso con nosotros, con nuestros intereses. Y sin quererlo, ya no estamos
escuchando realmente al otro, sino que seguimos centrados en nosotros mismos,
buscando lo que nos interesa.
Hay
veces que estamos tan centrados en nosotros, que cuando el otro quiere
abrirse para contarnos algo, en pocos instantes ya estamos pensando en alguna
situación nuestra similar y hasta le interrumpimos contándole lo que nos sucede
a nosotros. La autorreferencialidad es algo muy extendido y es difícil
encontrar a alguien que escuche despojado de todo interés o ansiedad por contar
lo propio.

