MOISÉS NAÍM 24 de septiembre de 2017
¿Qué
tienen en común un agricultor de Iowa, un diseñador gráfico de Chile, un
jubilado de Reino Unido y un trabajador en una cadena de montaje de China? Dos
cosas: son miembros de la clase media de su país y están furiosos con sus
gobernantes. Sus desilusiones están transformando la política y provocando
acontecimientos sorprendentes, como la elección de Donald Trump, el Brexit, la
defenestración de presidentes y una oleada mundial de protestas callejeras.
En
muchos países del mundo desarrollado, la clase media está rebelándose contra el
estancamiento o incluso el empeoramiento de su nivel de vida. La globalización,
la inmigración, la automatización, las desigualdades, los nacionalismos y el
racismo abren oportunidades para aventureros de la política que venden malas
ideas como si fueran buenas.
