San
Josemaría 20 de noviembre de 2017
Ha
llegado para nosotros un día de salvación, de eternidad. Una vez más se oyen
esos silbidos del Pastor Divino, esas palabras cariñosas, “vocavi te nomine
tuo” –te he llamado por tu nombre. Como nuestra madre, El nos invita por el
nombre. Más: por el apelativo cariñoso, familiar. –Allá, en la intimidad del
alma, llama, y hay que contestar: “ecce ego, quia vocasti me” –aquí estoy,
porque me has llamado, decidido a que esta vez no pase el tiempo como el agua
sobre los cantos rodados, sin dejar rastro. (Forja, 7)
Vosotros
y yo formamos parte de la familia de Cristo, porque El mismo nos escogió antes
de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia
por la caridad, habiéndonos predestinado como hijos adoptivos por Jesucristo, a
gloria suya, por puro efecto de su buena voluntad. (...)
