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jueves, 31 de agosto de 2017

¡¡Y también un Huracán!!, por @carlosmelo1962




Carlos Mauricio Melo Pedroza 01 de septiembre de 2017
@carlosmelo1962

En octubre del año 2005 se formó el huracán Wilma, el día 21 entró a la península de Yucatán como categoría 4 y devastó muchas áreas del estado de Quintana Roo. El ciclón además de tener gran intensidad, era bastante lento y errático en su desplazamiento, y prácticamente se estacionó sobre Cancún, por lo que multiplicó su efecto destructor, particularmente sobre la zona hotelera de la ciudad.
                                
Luego de acabar con Cancún salió nuevamente al golfo de México como categoría 2 y tocó la península de La Florida por los cayos el día 24 de octubre, ya nuevamente como un huracán categoría 3. Wilma parecía tener un trastorno de personalidad, porque no definía una trayectoria y subía y bajaba de intensidad de manera irregular, así que en cualquier momento decidió subir por la costa de La Florida y entrar a tierra por Boca Ratón y allí estaba yo.

Fue una experiencia interesante, ah… es bueno decir que el recordado huracán Katrina había acabado con Nueva Orleans dos meses antes, y esta señorita a Cancún hacía apenas dos días, así que había mucho temor por este nuevo huracán que manifestaba mucha disposición a querer hacer daño.

Para aquel momento yo estaba en cuso de inglés para nuevos inmigrantes en una escuela pública de Boca Ratón, así que los días previos al evento climatológico la maestra nos habló de las previsiones que debíamos tomar. Recuerdo una en particular porque lo hice y fue muy útil, la maestra nos dijo que llenáramos botellas plásticas chicas de agua con agua, me explico, que nos tomáramos el agua original que habíamos pagado en dólares y las llenáramos con agua de la tubería y las congeláramos. El objetivo era que en caso de que hubiera fallas del servicio de energía eléctrica, esa agua congelada mantendría la temperatura interior del refrigerador y así se podrían mantener los alimentos en buen estado por más tiempo, lo malo fue que tenía tanta agua congelada en el refrigerador que no me quedo espacio para comida. Las otras previsiones eran tener bombonas de gas, lámparas, fósforos, velas, yo compré un televisor a batería, alimentos, el asador a gas, etc., etc., etc. ya yo sabia de eso Kids de emergencia, porque en Venezuela lo comprábamos al menos una vez al mes, cuando se corría la voz de un posible golpe de estado para sacar a Chávez.

El día anterior a la llegada de la visitante, Home Depot hizo su día, parecía la navidad de Home Depot, las multitudes de personas comprando cuanta cosa anti-huracán hubiera, yo la verdad con mis fósforos y mi televisor de pilas estaba contento.

Efectivamente llego la publicitada “huracana” Wilma, con toda su furia, y con toda su bipolaridad, tocó la costa de Boca Ratón como categoría 3, el gobierno federal había hecho desalojar a las personas que vivían justo frente a la playa, yo vivía en una casa típica clase media de Boca Ratón, un conjunto cerrado no tan cerca al mar, tenía grandes ventanales de cristal y por mi falta de experiencia huracanística no coloqué las láminas de madera en la ventanas, solo unas tiras de cinta pegante, no sé para qué, creo que tendría que ver con las vibraciones.



Temprano, como a las 7:00 am comenzó la brisa que se veía por la ventana, giraba en una determinado sentido, digamos de izquierda a derecha, levantaba polvo, hojas y objetos no muy grandes y hacía mucho ruido, luego de más o menos dos horas, dejo de soplar y se observó una tranquilidad miedosa, una extraña presión y un silencio sonoro, era el ojo del huracán, es decir estábamos justo en el mero medio de ese gigante de energía, pasaron aproximadamente dos horas y la brisa nuevamente comenzó a soplar, pero esta vez en sentido contrario, de derecha a izquierda , era la parte de atrás de Wilma, y tenía tanta fuerza como la parte delantera, nuevamente dos horas más y finalmente la calma.


Como buenos latinos, y corresponsales de guerra sin cargo, un primo y yo salimos a recorrer la ciudad, la devastación era grande, no había energía eléctrica en toda la ciudad, los semáforos no funcionaban. Nadie, solo este aguerrido o más bien curioso, periodista ad honorem pudo con sorpresa ver que inmediatamente termino el ciclón ya estaban órganos del estado de La Florida y del gobierno federal tenían maquinas y personal limpiando escombros y abriendo las avenidas que estaban obstruidas por los enormes árboles que cayeron. El estado de la Florida es básicamente una zona pantanosa, así que las raíces de los arboles no tienen necesidad de buscar sus alimentos a mucha profundidad así que las raíces son muy someras, de modo que inmensos arboles no tienen mucha sustentación, por lo que Wilma se los llevó a todos y ellos a las líneas de energía eléctrica y con eso la luz de las casas. Sin embargo, ya en ese momento venían bajando por la I-95 cientos de camiones de la empresa que suministra el servicio para comenzar el operativo de reparación, era impresionante, era una muy larga fila de camiones.



Los días subsecuentes fueron de picnic, cocinaba en el asador a gas, así que carne asada, hamburguesas, pescado asado, fueron cuatro días sin energía eléctrica, en mi casa, pero otros tuvieron que esperar hasta ocho días.

La verdad es que en ese momento de grave crisis la situación más delicada que aprecie fue el alto riesgo al cruzar los semáforos. Boca Ratón es una ciudad del condado de Palm Beach, no muy grande, pero se convirtió en una ciudad de retiro de adultos mayores de USA, así que esos buenos viejitos manejan orgullosos sus antiguos y bien cuidados Oldsmobil o Chevrolet negros, brillantes, pulidos, gordos y grandes. Pero como los semáforos no funcionaban, ellos pasaban las esquinas sin ver para ningún lado. De modo que era preciso ser muy cuidadoso al cruzar los semáforos no fuera a ser que viniera un Ford modelo T con un jovial anciano sin ninguna previsión.



La ciudad comenzó a volver a la vida real en cuatro o cinco días, cuando se fue restableciendo el servicio de energía eléctrica y las calles estaban limpias.
A la casa de una prima la terrible “huracana” le voló las tejas del techo y se filtró mucha agua a la casa, bueno es un eufemismo, no se filtró, más bien tuvo un fenómeno de lluvia interna, se inundó o como decimos los chocos, se “fue al agua” pero desde arriba, así que perdieron la ropa, muebles, y casi todos los artefactos eléctricos. La noche del ciclón ella y su familia durmieron en mi casa, pero al otro día fueron a las oficinas de FEMA (Federal Emergency Management Agency) e hicieron el reclamo, desde esa noche les dieron hotel, les repararon totalmente la casa y les dieron la cantidad de efectivo correspondiente a las perdidas. En Venezuela todavía hay restos de la inundación del estado Vargas que fue en diciembre de 1999.

Así que, a pesar de que los científicos determinan direcciones, sentido, intensidad, todo… de estos fenómenos atmosféricos, la gente suele no escuchar recomendaciones y generalmente los heridos o muertos son por inconciencia o irresponsabilidad, por no acatar las llamadas a desalojar una zona de riesgo determinada, pero afortunadamente para los que viven en USA, al menos los operativos de remediación son rápidos y eficientes.

Carlos Mauricio Melo Pedroza
@carlosmelo1962

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